El interés de los nombres de los candidatos presidenciales en Colombia en Internet se puede seguir a través de las búsquedas que los colombianos hacen de sus nombres en Google. ¿Quiénes están trabajando mejor su visibilidad?
Y qué tal si lo comparamos con las últimas elecciones norteamericanas:
cuando ellos aman todo parece fácil de arreglar sin sabanas da igual cuando nosotros amamos exigimos bienestar una cama de cedro y un colchon especial y si nos desamamos calculamos otra vez ellos cuando desaman vuelven a renacer y no la pasan bien ellos cuando aman es un amor común tan simple y tan sabroso como tener salud nosotros cuando amamos somos de otra magnitud hay fotos chismes prensa y el amor es un boom ellos cuando aman sin prisa y con fervor gozan y les sale barata la función nosotros cuando amamos consultamos el reloj porque el tiempo que perdemos vale medio millón ellos cuando aman sin tanta cortedad el subconsciente se pone a disfrutar nosotros cuando amamos al analista vamos él es quien dictamina si lo hacemos bien o mal cuando ellos aman todo parece fácil de arreglar sin sabanas da igual Cuando nosotros amamos Exigimos bienestar Una cama de cedro Y un colchon especial
Hoy envíe mi idea para el proyecto 10 al 100 de google. Si mi idea se hiciera realidad intentaría salvar a mas de 450.000 niños y jóvenes colombianos que están por fuera de las escuelas en riesgo de caer en manos de grupos armados y de la violencia general que atormenta a Colombia. Para saber un poco más sobre el tema puede verse el reporte
Este es el video promocional de mi idea para el proyecto 10al100 de Google. Desde el 25 de enero del próximo año todos los que hayamos dado nuestras ideas podremos votar por las que más nos gusten.
No puedo dejar de pensar en que hubiera pasado si… en vez de hacer una cosa hubiera hecho otra. Parece como si las decisiones más trascendentales de la vida, esas que suceden en un giro o cambio de dirección, pasaran en medio de un guiño o un chasquido de dedos. Decidir nunca es fácil especialmente cuando se es consciente de que el impacto sobre la trayectoria de los eventos futuros es impredecible. Entonces por qué el pensamiento se obstina en imaginar realidades posibles que nunca ocurrieron o sucederán. ¿Acaso esto es ilusión? o el antecedente de una nueva acción; de otra decisión que nos conducirá por otra trayectoria insospechada.
El otro día explicaba a mis compañeros de trabajo el concepto de música para planchar y he llegado a la conclusión que esta es una de las joyas de la corona de este género musical. Por favor presten atención a la coreografía de este video. Brutal!!!
Alguien me dijo un día: “si no sabes que hacer pues no hagas nada”. Leía el otro día algo que iba como así: “¿deberíamos interesarnos tanto por el conflicto y en cómo superarlo? Si el YO es el resultado del MEDIO y el YO hace parte del MEDIO, al final, entre uno y otro no hay distancia solo miedo”. Aplique el consejo, como cuando pruebo un helado que alguien me recomienda.
Miré hacia el cuadrilatero como mi YO se peleaba con el MEDIO en lo que parecia el último asalto. Antes de que sonara la campana entendí que había algo de razón en todo esto… fue entonces cuando volví a ponerme los guantes de nuevo.
Es bueno volver a caminar por las calles de Bogotá, respirar hondo y sentir el pesado humo de las busetas. Volver a desafiar el miedo de encontrarse frente a la desesperación de la gente. Esa misma gente que camina por esta ciudad con pasos apresurados y la vista en el suelo para ignorar al maleante, vestido de ejecutivo, que intenta engañar al ingenuo que se atreve a mirarlo a los ojos para descubrir en sus cicatrices las marcas violentas de riñas callejeras. La empleada del servicio que va de casa en casa tendiendo camas, haciendo la misma sopa de papa con costlla, arroz y platano. El mensajero que zigzaguea con su motoneta entre los carros para llegar a tiempo con el sobre que contiene un pago atrasado de la hipoteca. El traqueto que se pasea en su camioneta blindada con vidrios polarizados para dejar a sus niños en el colegio bilingüe. El vendedor de minutos de celular que cobra 200 pesos por una llamada entre una pareja de amantes que le ponen los cuernos a sus cónyuges. El artista que va a la tesorería de una agencia de publicidad con una cuenta de cobro, por 60.000 pesos pagaderos a noventa días, con el sueño de poder algún día exhibir su obra aparcada en una bodega de chapinero. La mona pelipintada con tetas de silicona que se atraviesa el semáforo en rojo para llegar temprano a una entrevista de trabajo. El contratista de una ONG que mira a sus espaldas temiendo lo peor después de poner una denuncia masiva por la violación de mujeres en un municipio apartado, antiguamente controlado por paramilitares. El gerente de marketing de una empresa de papel higiénico que planea su ultima estrategia comercial exhibiendo una pluma montblanc mientras hace unos vocetos en un individual de un restaurante donde se venden vinos importados de Argentina. El zorrero que se pasea con su yegua blanca con la chatarra de la demolición de un centro comercial de los años ochenta y un letrero oxidado que dice:“Bienvenidos al ParaÍso”.
Está muy bien esto de buscar medios para expresarse. Creo que en general hacemos parte de un contexto en la cual no tenemos canales para expresar nuestro enfado (me refiero a Colombia específicamente). Ayer vi los videos de David Beriain, periodista de un periódico gratuito de circulación en España, que se ha internado en el magdalena medio para desentrañar las posturas de unos guerrilleros de las FARC. Mientras escuchaba los testimonios, de estos campesinos disfrazados de soldados y armados hasta los dientes, pensaba que es posible que estas personas nunca hayan tenido la posibilidad de expresar su enfado por otras vías que no sean las que conducen a disparar un fusil.
A veces me imagino que provengo de un país lleno pontífices, donde recibimos una fuerte cultura patriarcal en la cual se castiga al que se sale de la doctrina del macho alfa dominante. Caudillos y patriarcas que se disputan el poder para pararse en el pulpito y decirles a los demás como tiene que vivir sus vidas. Esta imagen es también un reflejo de mi mismo cuando veo al comandante Alape de las FARC dando cátedra a sus soldados. Es entonces cuando me doy cuenta que debo revisar mis ímpetus paternalistas.
Recuerdo que cuando llegué por primera vez a España me sorprendió la franqueza con que las personas de aquí dicen las cosas. Al principio pensaba que era una falta de respeto la forma en que hablaban. Después entendí que la franqueza tiene muchas formas, pero hay unas mas efectivas que otras para liberar lo que puede llegar a ser un empute perjudicial para el colon. Ahora me gusta la franqueza española, porque encuentro en ella un canal de desahogo muy democrático. Aquí puedes hacer amigos incluso no estando de acuerdo con ellos en muchas cosas. Puedes ser del PP o el PESOE e igual tomarte un café y salir al cine, pues discutir es una actividad de entretenimiento y no un duelo que te puede costar la amistad o la vida.
Me gustaría decirle a muchas personas que quiero y conozco: Pintemos con caca de gato, discutamos y disfrutemos de expresar nuestro enfado y diferencias mientras nos miramos tiernamente a los ojos y cultivamos nuestro sentido democrático de amarnos unos a otros. Entonces vuelvo a decirme a mi mismo, no tengo que decírselo a nadie, simplemente hacerlo.
La miré a sus ojos lapones mientras ella hacia un movimiento felino con su mano en mi hombro, como un gato que rasga neuróticamente las cortinas de la sala. Después de un cómodo silencio prolongado, la cerveza pudo más y empezamos a hablar. Un tema repetido sobre la barra del bar Sint German: –Admiro aquellas personas que pueden sentirse apasionadas por algo y lo llevan a cabo–, dijo ella cortando el silicio que nos unía. Dejé de examinar la parodia del Gernica de Picasso que hay sobre una de las paredes del bar donde las victimas del bombardeo parecen estar disfrutando de un bacanal y me puse en disposición de escucharla. –Quisiera hacer algo que me entusiasme, pero no lo encuentro– agregó después de tomar un chupetazo de cerveza. Mientras discurría su lamento, me planteaba si es posible o al menos práctico sostener la voluntad de perseguir algo motivado por algo tan frágil como la pasión.
Quienes como yo provenimos de una tradición judeocristiana nos han inculcado con palmada en el trasero que es noble seguir el ejemplo de aquellos que se han sacrificado apasionadamente por los hombres. No voy a entrar a criticar esta doctrina aun cuando desafortunadamente está ligada a mi personalidad. Pero si puedo al menos reclamar las dudas que guardo respecto a la pasión como una fuerza constructiva. Me parece que la pasión es como un gatillo, sin duda es el impulso que motiva muchas acciones humanas para el beneficio individual y de los demás, sin embargo, como diría Jung: “un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca”.
La razón me indicaba que era el momento de redirigir la conversación a un tema menos pantanoso. Pero no pude dejar de solidarizarme con ella ante esta sensación de orfandad frente a las pasiones. –A mi también me pasa lo mismo– le dije. Y antes de que pudiera exponer mi duda, sobre si abandonar las pasiones es un signo de madurez o un sentimiento nostálgico, ella empezó a adular mi aparente capacidad para entusiasmarme por temas diversos y delirantes. –Pero ¿y de que sirve sentirse atraído por tantas cosas si al final no puedes concentrarte en nada y además te llegan las cuentas por pagar cada mes?–, repuse. La conversación transcurrió en medio de algo que yo interpretaba como un halago y ella como un consuelo. Los dos tocamos el fondo de nuestras cervezas y nuestras frustraciones. Salimos del bar, volvimos a casa e hicimos el amor para silenciar nuestras pasiones.