Qué pensaría André Breton de la blogósfera

























En el post anterior, un lector planteó un tema que es muy interesante: el de la autoridad sobre el texto. Por sugerencia de Rafico publico mi respuesta.

Trabajo como redactor en un medio impreso. Esta labor significa, entre otras cosas, elaborar frecuentemente una autoridad sobre el texto que no es de uno sino del medio para el cual uno escribe. Un redactor comunica cosas que suceden: hechos por llamarlo de alguna manera. Detrás de esos hechos hay personas, y el trabajo consiste en revelar o contar como esas personas participan de esos hechos. Al final del día se producen textos que en realidad representan intenciones ajenas a las del redactor.

Pensaba que un blog era un espacio donde uno podía revelar las intenciones propias, pero lo que he ido descubriendo es que esto no es tan cierto y es aquí donde me hago una pregunta: bajo qué perspectiva en un contexto como este es posible sostener la idea de propiedad y bajo qué circunstancias es verosímil creer que un discurso intimista dice algo sobre lo propio, lo privado, lo íntimo que no sea una paródica simulación.

No obstante, por ahí leí en el blog de Álvaro Ramírez una idea interesante. Dice Álvaro citando a Dan Gillmor: “el lado más importante de un blog es su humanidad” lo cual interpreta Álvaro como “el diálogo sereno con los lectores y con los autores de otras bitácoras”. Ese diálogo lo entiendo como interactividad: un cadáver exquisito, por decirlo de otra forma, una obra surrealista donde se expresa la humanidad mediante múltiples autoridades que se entretejen unas con otras hasta que el autor desaparece en un mar de intenciones que ya no son propias sino compartidas. Creo que si André Breton estuviera vivo se regocijaría de ver lo que sucede en el Internet. Breton cita en alguna de sus obras a Federico Engels para definir el azar detrás de la intencionalidad humana: “es una forma de manifestación de la necesidad exterior que se abre camino en el inconsciente humano. Esa necesidad exterior ha de ser, también, una necesidad interior”. La autoridad entonces se convierte en una caja de resonancia de algo que sucede fuera de ella. Lo único quizás original es la manera como cada cajita suena. Ese timbre propio puede ser lo único que distingue a un autor de otro. Llegar a esto es algo difícil mas no imposible, (de hecho uno lo puede apreciar en algunos blogs): es una de esas características que definen a los grandes escritores; personas que han trabajado tanto sobre su estilo que se diferencian de los demás y logran obtener una verdadera autoridad, no tanto sobre lo que dicen sino sobre cómo lo dicen. Pero esa autoridad no es asignada por ellos mismos, lo más loco, es que esa autoridad es asignada por los demás, por sus lectores que distinguen un timbre particular en el estilo. Me parece, en ese sentido, que esa autoridad incluso deja de pertenecerle al escritor en la medida en que se convierte en un patrimonio cedido a los demás. Algo que puede llegar hasta ser reproducido por otro. Quizás por eso es que algunos escritores se rehúsan a leer sus libros, pues sienten que lo que está escrito allí ya nos les pertenece.

Texto sin autor: apología del anónimo

Qué pasaría si uno pudiera leer la mente de las personas y conocer la intención detrás de las palabras escritas. Esto es medianamente posible al tener a alguien frente a uno, cara a cara, pues de alguna manera se intuye en las expresiones, en los gestos y en las miradas la intención detrás de las palabras. La mayor frustración de este medio es no poder leer eso que se esconde detrás de la mezquindad del texto. Me pregunto si todos aquí vamos detrás de un reconocimiento que no encontramos en otros lugares. Sin embargo, ser anónimo restringe por completo esa posibilidad de reconocimiento, pero a cambio se permite satisfacer el deseo de probar algunas ideas ocultas que en otros contextos serían muy difíciles de manifestar. Uno puede intentar ser anarquista mientas realmente es un conservador recalcitrante o ser un critico cuando en realidad uno apenas si puede decir algo coherente mientras habla. El texto es rígido y permite ser depurado, cuidado y diseñado, en cambio otros tipos de comunicación simplemente son. Las palabras en una conversación cotidiana salen de la boca como balas o salvas y es imposible retroceder su impacto o borrar lo dicho: los lapsos, las excusas, las mentiras los lamentos son eso, acompañado de palabras. Las palabra hablada mata, acaricia o seduce, mientras el texto, todo poderoso, cuando se construye bajo el canon, y la buena letra, es frío y contundente: marca, traza, convence, espera a ser leído o desechado. En este universo de letras y signos no existen autores ni verdades sólo intenciones que intentan ser representadas bajo un texto.

Los hijos de Benkos

En toda la costa caribe colombiana, los tambores africanos resuenan desde el tiempo de la colonia. Primero hubo la Cumbia y el Bullerengue, ritmos africanos traídos por los esclavos. Después llego el Son, venido de Cuba y que llego a Colombia hacia 1920. El Son se arraigo en la tradición afro-colombiana más profunda: la de los descendientes de los negros cimarrones que se rebelaron contra la esclavitud. En Palenque de San Basilio, pueblo cimarrón fundado en el siglo XVI, el SEXTETO TABALA (que significa "tambores de guerra" en créole afro-colombiano) toca el "Son Palenquero" desde hace mas de 50 años. Pero la historia de Palenque no se detiene: del tronco de la tradición crecen rápidamente las ramas de la modernidad. Hoy, los negros cimarrones de Palenque migran hacia las grandes ciudades vecinas (Cartagena, Barranquilla), buscando un futuro mejor. Es en Cartagena, ciudad colonial que fue uno de los más grandes puertos negreros, que nació la nueva música afro-colombiana: la Champeta, mezcla tórrida de Soukous africano, de ritmos colombianos y de influencias caribeñas (Socca, Calypso y Reggae). Esta historia hace parte de el filme Los hijos de Benkos, una coproducción colombo francesa documental de 52 minutos, que recibió Mención Honorífica en el premio Bartok del Festival "Bilan du Film Ethnographique" en Paris (2001). Dirigida por Lucas Silva, hijo de los documentalistas Martha Rodríguez y Jorge Silva, este documental contó con la participación del Centro Nacional de la Cinematografía cnc (france) -rfo-mezzo- y el Ministerio de Cultura de Colombia. El sonido estuvo a cargo de Cesar Salazar y el montaje fue realizado por Katia Martin y Frederick BERAUD.

Este documental se podrá ver el próximo 19 de abril, a las 4 pm, en las instalaciones del ICANH, como parte del ciclo que viene realizando esta institución.

Estudio Colombiano de Valores II

Nos hemos enterado por fuentes fidedignas que Camilo Herrera pasó silenciosamente por este blog para saber que teníamos que decir sobre el Estudio Colombiano de Valores. Como buen administrador del conocimiento que quiere divulgar y vender el producto que ha creado, Herrera no pudo superar la tentación de saber qué están diciendo por ahí. Ante la pregunta ¿y por que no dejó su comentario en el blog? Explicó que cree que este no es el medio mas adecuado para debatir sobre este tipo de temas, haciendo alusión a ambientes más académicos y propicios para un debate de fondo. Manifestó que son muchas las personas que deambulan por la red sin el suficiente conocimiento de causa para discutir temas de esta naturaleza y más si no han leído el estudio (el cual prometió pronto estará en Internet). También sugirió que la persona que pueda pasar de la introducción del los libros sumergiéndose en los artículos que componen esta obra, se dará cuenta que estos tres tomos tienen mucho más que ofrecer que su propia interpretación sobre los resultados del estudio.

Se refirió, por ejemplo, al artículo de Ronald Inglehart (Construyendo una Nueva Colombia, de una Cultura de Violencia a una Cultura de Seguridad y Autoexpresión En: Estudio Colombiano de Valores, Tomo 1, pg.183, Raddar, Bogotá: 2006) el cual Herrera considera, es un mensaje claro al gobierno colombiano de apostarle a un proyecto político de transformación cultural minimizando el uso de la coerción. Para esto, Inglehart, plantea la creación de un manifiesto para una Nueva Colombia que refleje las aspiraciones de los colombianos a través de un proceso de sensibilización de jóvenes, líderes departamentales y representantes de los grupos sociales y étnicos.

Al final del encuentro entre nuestra fuente y Herrera, este último admitió a regañadientes los errores cometidos en la edición de los libros.